lunes, 6 de abril de 2026

ATENEA Equipo del CONICET participó del desarrollo del satélite argentino que acompañó el lanzamiento de Artemis II

  

El personal del IAR junto al del SENyT, celebran luego de completar la recolección de los datos junto a la Estación Terrena 1 del IAR. Foto: gentileza investigador.

Un equipo del CONICET participó del desarrollo de ATENEA: el satélite argentino que acompañó el lanzamiento de Artemis II

Científicos del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, CONICET-CIC-UNLP) realizaron la validación electromagnética de su sistema de antenas y desarrollaron una estación terrena propia para poder seguirlo y detectarlo en su viaje desde 70 mil km hacia la Tierra. 

Sólo otros tres países contribuyeron con satélites que acompañaron la misión principal.

El lanzamiento Artemis II, la primera misión espacial tripulada alrededor de la Luna desde 1972, el pasado 1 de abril en Cabo Cañaveral, suscitó un enorme interés mundial. 

Junto a la misión central, liderada por la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos), cuatro satélites desarrollados en otros países acompañaron la partida de la nave principal, Oríon, con el propósito de cumplir objetivos complementarios. 

Entre estos instrumentos, se encuentra ATENEA, diseñado y construido íntegramente en Argentina por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y diferentes instituciones del sistema de ciencia y técnica argentino, entre las que se encuentra el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, CONICET-CIC-UNLP), dirigido por el investigador superior del CONICET Gustavo Esteban Romero.

ATENEA es lo que en las misiones especiales se conoce como una secondary payload o carga útil secundaria, es decir, un pequeño satélite o dispositivo de menor tamaño que viaja al espacio en una nave cuyo lanzamiento está financiado por otra entidad. 

El proyecto tuvo como punto de partida la invitación de la NASA a la Argentina para presentar una propuesta que compitiera por un espacio entre los cuatro disponibles. ATENEA fue seleccionada entre unas 60 propuestas de las agencias espaciales de diversos países. 

Los otros países que contribuyeron con cargas secundarias fueron Arabia Saudita, Corea del Sur, y Alemania.

ATENEA está diseñado como una demostración tecnológica, con el objetivo de probar cargas útiles y sistemas espaciales innovadores. 

De esta manera se busca fortalecer las capacidades nacionales en diseño, integración y operación de satélites, además de servir como plataforma de formación para jóvenes ingenieros y estudiantes. 

Los objetivos específicos del proyecto son: diseñar procesos y organizar equipos multidisciplinarios para la ejecución rápida y de bajo costo de misiones satelitales; validar los procesos de ensamblaje, integración y ensayos para plataformas CubeSat; medir las dosis de radiación desde la órbita terrestre baja hasta el espacio profundo para mejorar los diseños basados en componentes comerciales; testear Fotomultiplicadores de Silicio (SiPM), para mediciones de fotones en el espectro visible; relevar datos de GPS para optimizar maniobras en órbitas de transferencia geostacionaria y cislunares; validar de enlaces de comunicación para futuras exploraciones del espacio profundo y fomentar los esfuerzos de colaboración entre CONAE y la NASA dentro del programa Artemis.

El satélite argentino es un CubeSat, lo que significa que tiene un formato y tamaño estandarizado. 

Está formado por 12 cubos de 10x10x10 cm. 

En total es un instrumento de unos 20x20x30 cm, con el aspecto de una caja. Estos cubos albergan la electrónica y los sistemas que le permiten al instrumento funcionar. 

“El instrumento es un demostrador tecnológico que probó un sistema de comunicaciones para espacio profundo, muy lejos de la tierra, del tipo GPS pero más potente, y que midió radiación cósmica a esas distancias, lo que permitirá mejorar la electrónica de los futuros sistemas para que no se degraden rápidamente”, explica Romero.

El CubeSat ATENEA durante las pruebas.. Foto: gentileza investigador.

Equipos argentinos involucrado y el rol del IAR

Además de los equipos de la CONAE y del IAR, los grupos argentinos involucrados en el desarrollo de ATENEA pertenecen a las facultades de ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa Veng, S.A.

El rol del equipo del IAR fue realizar la validación electromagnética del sistema de antenas del satélite, esencial para su comunicación y una de las experiencias tecnológicas que se querían realizar. 

Para ello, diseñó y construyó un modelo de ingeniería (dummy) del satélite, que permitió analizar el comportamiento electromagnético del sistema. 

La validación se realizó mediante simulaciones electromagnéticas y mediciones en un recinto especial llamado cámara anecoica, que es una facilidad única del IAR

Una vez que se aseguró que toda la electrónica fuera correcta, se evaluó el modelo final (el que finalmente voló).

“Estas actividades permitieron verificar el desempeño del sistema en condiciones representativas de las que encontraría el instrumento en el espacio. 

Gracias a esto las comunicaciones ocurrieron sin problemas durante la misión”, afirma Romero.

Por otro lado, el IAR desarrolló una estación terrena propia para poder seguir y detectar a ATENEA en su viaje desde 70 mil km hacia la Tierra. 

Esa estación, la única en su tipo del CONICET, está disponible ahora para futuras misiones.

“Mientras duró la misión el equipo del IAR detectó el satélite en forma casi inmediata gracias a su estación terrena, y bajó los datos recabados por los instrumentos. 

caso de que hubiese habido problemas de comunicaciones, el IAR hubiera utilizado sus modelos del instrumento para tratar de aportar una solución, cosa que no fue necesaria porque todo marchó de acuerdo a lo esperado. 

Ya bajados los datos y terminada la misión, ahora se procederá a su análisis”, señala el investigador.

ATENEA en la cámara anecóica del IAR durante los ensayos de compatibilización electromagnética. Foto: gentileza IAR.

Más allá de la órbita terrestre

El investigador del CONICET destaca que este tipo de misiones permiten a la Argentina acceder al espacio profundo, más allá de la órbita terrestre, donde operan la mayoría de los satélites. 

Ese espacio es esencial para establecer comunicaciones con las futuras misiones comerciales a la Luna, así como para proveer mejores servicios de comunicaciones a la Tierra.

“Para mí es un gran orgullo dirigir al IAR y a este equipo de gente que puede hacer cosas extraordinarias. 

Cuando era niño vi el alunizaje en vivo por televisión. 

Jamás imaginé que de grande dirigiría un instituto que desarrolla cosas que van a la Luna (el IAR, además de ATENEA, desarrolla la antena cislunar LARA). 

Es un gran orgullo, y una enorme responsabilidad” concluye Romero.

Además de Romero, por parte del IAR, participaron del proyecto: Leandro García (Responsable de Tecnología), Martín Salibe (Responsable de Transferencia de Tecnología y Vinculación), Guillermo Gancio (Responsable del Observatorio), Elías Fliger, Julián Galván, Daniel Latorraca, Darío Capucchio, Luis Ferrufino, Pablo Alarcón, Santiago Spagnolo, Maximiliano Ali, Nahuel Duarte, Pablo Ottonello, Rubén David Morán Fabra, Matías Contreras, Eliseo Díaz, Ana Evelina Yael Tarcetti, así como Marcos R. Borgetto y Romina Chilese , del sector administrativo.

La sala de control del IAR durante la recepción de los datos de ATENEA. Foto: gentileza investigador.

Por Miguel Faigón

CONICET

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